sábado, 28 de janeiro de 2012

Libro Espiritualidad y Política, por Benjamín Forcano






Muchos asistieron al acto, pero otros no pudieron.





Para ellos, y otros interesados, les hago llegar las reflexiones que allí expuse y que recogen, creo, lo esencial del tema abordado en el libro por sus autores. Se trata de cómo aunar el arte de vivir (espiritualidad) con el arte de convivir (política), con un claro mensaje de pacifismo y no violencia.



¿El libro “Espiritualidad y Política” representa una novedad?



Comienzo por reconocer que, gracias a la iniciativa y esfuerzo multiplicado de Cristóbal Cervantes, surgió el proyecto de este libro con la colaboración de una veintena de autores. Hoy podemos presentarlo.



He pensado cómo dar cuenta de lo más esencial del libro, sin tener que abarcar todo, pues son nada menos que 350 páginas, con la aportación singular de 20 cabezas pensantes y desde un análisis propio de la sociedad en que vivimos.



Yendo a lo esencial, ¿el libro representa de verdad una novedad? Sí y no. Sí, si alcanzamos a seguirlo en lo que están hoy expresando las mentes más despiertas y solidarias; no, si pretendemos verlo reflejado en la mentalidad mayoritaria dominante, incluso de gente crítica, porque es un hecho evidente que lo que nos domina es el avasallador pensamiento neoliberal, hoy globalizado.



A nivel de conciencia y de investigación que registra las grandes contradicciones de la historia y desvela las íntimas aspiraciones del alma humana mundial, encuentro que los autores ofrecen claves que ayudan a entender la profundidad de la crisis y ofrecen soluciones para un nuevo rumbo.



Me propongo, en consecuencia, sacar a relucir algunos aspectos que, interconectados unos con otros, proyectan luz sobre la noche que nos envuelve y abren el horizonte de un nuevo día, de un nuevo comienzo, con tareas, transformaciones y compromisos nuevos y una nueva esperanza.



Por un nuevo paradigma de la convivencia humana



1. El paradigma vigente caduco y agotado



Hay, para los autores del libro, un punto de partida innegable: el paradigma que ha regido nuestra convivencia, ha llegado a su agotamiento.



La pregunta que se plantea ahora es, según Leonardo Boff, la siguiente: “¿Cuál será el próximo paso? ¿Más de lo mismo? Pero eso es muy arriesgado porque el paradigma actual está asentado sobre el poder de la naturaleza y de los seres humanos. No debemos olvidar que el ser humano ha creado la máquina de muerte que puede destruirnos a todos y destruir la vida de Gaia” (Espiritualidad y Política, pg. 16, Kairós, 2011).



Ervin Laszlo dice lo mismo: “La inestabilidad y falta de sostenibilidad de las sociedades contemporáneas han provocado una emergencia global que, a no ser verdaderamente remediada, puede degenerar y acabar en una catástrofe global” (Idem, pg. 111). “Hay que restablecer la estabilidad dinámica de la biosfera si queremos garantizar la supervivencia de la vida humana” (Idem, 108)



Y Federico Mayor Zaragoza: El destino de la humanidad reclama un nuevo comienzo”. (Idem. p. 56).



2. Hemos traicionado dimensiones esenciales de nuestro ser.



El diagnóstico de la deriva errática de nuestra civilización va apareciendo a lo largo del análisis de nuestros autores. Venimos de culturas milenarias y, en especial nosotros, de la cultura occidental cristiana. La experiencia y la sabiduría acumuladas arrojan luz sobre el momento presente y demandan un paso nuevo:



“La economía contemporánea, escribe Jordi Pigem, es la primera religión verdaderamente universal. El ora et labora dejó paso a otra forma de ganarse el paraíso: producir y consumir” (Idem, pg. 73).



Según Ervin Laszlo, “No podemos albergar la menor duda: si queremos vivir de un modo sostenible y en paz con los demás, debemos dar los pasos que conducen desde la conciencia tribal hasta la conciencia planetaria” (Idem, p. 119).



En este contexto apunta también Raquel Torrent:



“Sería un gran error desinteresarnos de la gestión política. El momento planetario que vivimos es una gran oportunidad que nos incita a recuperar los valores que nos hacen “humanos” y poder llegar a vivir con armonía; o, por el contrario, podemos desaprovecharlo convirtiéndolo en destrucción y guerra de un aniquilamiento sin precedentes, generada tan solo por el deseo de mantener el viejo orden y los beneficios financieros siempre en aumento. Sentimos la urgencia de desarrollar una Revolución de la conciencia que nos lleve a unir la política con la psicología y con la mística. Ver la realidad de manera global e integrada es lo que ha olvidado a la política y a otras ciencias, cayendo en el reduccionismo que se pretendía obviar” (Idem, pp. 143-144).



Ken Wilber, en contra el dicho vulgar de que “no te metas en una discusión sobre religión o política”, “¿Si lo espiritual está relacionado con las cuestiones fundamentales, cómo no van a ser parte de nuestra discusión? Si hubo buenas razones para que todas las naciones modernas y liberales diferenciaran Iglesia y Estado, espiritualidad y política, aún hay mejore razones para reunirlas en una discusión ahora libre ya de toda fuerza e imposición , guiada por una invitación abierta a enriquecer cada una de la otra en estas dos áreas tan cruciales” (Idem, p.122).



Y nuestro participante en la mesa y amigo Miguel Aguado: “Desde una visión espiritual o humanística de la vida, parece a los ojos de mucha gente que las formas actuales de hacer política son contrarias a unos valores de honradez, compasión, ética, apuesta por la verdad…



Quien habla de sentimientos, de ideales y valores es un idealista o utópico, ajeno a la realidad” (Idem, p.244). “Siguiendo la corriente oriental del Zen podríamos entender mejor la unión que debe tener la política, la vida, la espiritualidad, alcanzaríamos a destronar al ser humano de su creencia de estar ubicado en el centro de todo, especialmente del yo, núcleo básico del individualismo occidental y poco adecuado en la gestión de lo colectivo y relacionaríamos todas las cosas de tal forma que buscaríamos la justa medida, la superación de los dualismos y la sintonía con el Todo”. (Idem, pg. 245).



3. Las religiones dentro del paradigma anterior



Encuentro especialmente interesante, para cuanto estamos diciendo, el análisis que, sobre la situación actual, hace María Corbí. Nuestra sociedad ya no vive de creencias intocables, sino que se adhiere a proyectos colectivos que ella misma construye: “La nueva conciencia, escribe, está en que todo debemos construírnoslo nosotros mismos, nada nos baja del cielo, ni nos es dado por la naturaleza de las cosas” (Idem, p. 82).



Esta nueva conciencia se ha extendido a todos los rincones de la tierra y es consciente de moverse en una sociedad de riesgo. ¿Y qué ocurre ahora, se pregunta Corbí, con la espiritualidad y política, cuando se generalizan los modos de vida industrial y se asientan las sociedades de conocimiento, innovación y cambio?



Ocurre que, dentro de estas sociedades, las nuevas generaciones se desentienden del patrón de comprensión y valoración heredado de las religiones, dando lugar a un desmantelamiento total, como condición para asegurar que los nuevos postulados y valores broten directamente del protagonismo y responsabilidad de los ciudadanos: “En este contexto, la oferta de las tradiciones es libertad, paz y mansedumbre, distanciamiento del poder y todos sus atributos y distanciamiento de la riqueza. La espiritualidad no necesita para nada de príncipes de la Iglesia, sino de maestros del espíritu.

Eso es lo que la espiritualidad puede ofrecer: cualidad humana, cualidad humana profunda. Vuelve a haber una relación entre la espiritualidad y la política, pero esta vez la espiritualidad sólo ofrece espíritu, sin el cual las nuevas sociedades no pueden funcionar correctamente”. (Idem, p. 91).



Si las autoridades religiosas se empeñan en imponer el legado de nuestros antepasados, las nuevas generaciones optarán por alejarse de las religiones y pueden quedarse sin bases sólidas para manejar los nuevos valores que les exige la nueva situación: “La creación, escribe, de un sistema de valores adecuado a las nuevas sociedades es tarea de individuos y colectivos de cualidad. Esa cualidad debe conducir la política.



La política también debe cambiar. Sin embargo, está funcionando todavía con patrones organizativos y de acción propios del siglo XIX. Según nuestro criterio, ésta a es la causa de las crisis de los partidos, de las organizaciones sindicales y de la relaciones internacionales. La política necesita de la cualidad humana que le podrían proporcionar las grandes tradiciones religiosas y espirituales y así poder crear y ofrecer proyectos de vida colectiva que provoquen la adhesión voluntaria de ciudadanos y grupos” (Idem, pp. 95-96).



El nuevo paradigma de espiritualidad y unidad universales



En el pensamiento de unos y otros autores, va apareciendo una doble constante de denuncia y propuestas. Así, por ejemplo, Joan Melé: “Hemos llegado al punto máximo de ruptura con lo espiritual , la visión materialista del ser humano y de la vida casi se ha constituido como un dogma que se impone desde una supuesta clase inteligente, que ante cualquier tipo de planteamiento espiritual exige demostraciones científicas. Como si fuera posible reducir al ámbito material algo que no lo es. Lo espiritual no se puede demostrar, sólo se puede mostrar, y luego, si se quiere, experimentarse” (Idem, pp. 167-168).



Antonio Gutiérrez-Rubí escribe: “Lo cierto es que nos sentimos perdidos. La política formal ha perdido el timón de mando de lo público. Incapaz de dirigir la voracidad de los mercados e insuficiente para representar el hambre de más democracia latente en nuestra sociedad, parece un notario de las injusticias y un administrador de las contradicciones sociales y económicas…. La rebelión en estas circunstancias, no es un motín contra la autoridad. Es una exigencia moral.



Es consecuencia del hecho de que nuestros capitanes ya no saben dónde van y ponen en riesgo la nave y la tripulación. En mi opinión, haciendo mía la de Eric Hobsbawm, el mundo necesita recuperar los valores de la Ilustración, para afrontar el futuro. Aquellos que creen en el progreso humano, de toda la humanidad, a través de la razón, la educación y la acción colectiva” (Idem, pp. 98-99).



Y Ángeles Román, desde su estudio de la Intuición y su evolución en el ser humano, afirma: “La historia de la humanidad ha sido una sucesión de razones impuestas, hoy el mundo se encuentra en un momento de extrema tensión, producto del desequilibrio interior del ser humano; el conceder al dinero el valor de bien supremo y el ansia de su acumulación hacen girar una rueda marcada de injusticias contra todos los sistemas de la vida.



Dicha acumulación es contraria al funcionamiento de las leyes naturales, biológicas y cósmicas. Cuando la vida se mide bajo los índices del mercado, y todo el engranaje se mide por factores económicos, en manos de unos pocos poderes, se pierde la fuerza solidaria inscripta en el orden natural, se ha deshumanizado el mundo” (Idem, p.192).



Y añado, como un grito más, la palabra de Tariq Ramadán: “Nuestras sociedades tienen necesidad de un nuevo “nosotros”. Un “nosotros” que reúna a hombres y mujeres, a ciudadanos de toda religión o sin ella que luchen unidos contra las contradicciones de su sociedad, por el derecho al trabajo, la vivienda y el respeto y contra el racismo, la discriminación y cualquier tipo de violación de la dignidad humana.



Ese “nosotros” debe representar, a partir de ahora, una unión y una dinámica de ciudadanos que, confiando en sus valores defienden el pluralismo de una sociedad común, y respetando las identidades plurales, deciden combatir juntos en aras de los ideales que comparten en el seno de su ciudad” (Idem, pg. 340).



Voy a concluir aludiendo a algunos principios que Koldo Aldai y Leonardo Boff señalan como base, condición y proyecto para poder a impulsar una nueva conciencia, ya en marcha.



El descubrimiento de que a todos nos es intrínseca la condición de la ciudadanía universal y, con ella, la condición también universal de la dignidad humana, nos está haciendo como absurdos todos los intentos de ordenar el mundo en base a dualismos de dominación y exclusión. Nuestra cultura occidental -valiosa en muchos de sus principios y valores- está corroída por el cáncer de prácticas político-religiosas, imperialistas y colonizadoras, marcadamente euro céntricas.



Según KOLDO ALDAI tenemos una historia cruenta, regida en gran parte por los intereses propios y mezquinos de gobernantes y mandatarios. Pero esta conciencia está cambiando: “El político y la política espiritualmente orientados fomentan siempre el espíritu de colaboración y están imbuidos de un amor profundo a la humanidad. Saben que la ley del servicio rige el futuro…El viejo orden basado en la competitividad, el individualismo y la explotación, ya de la Madre naturaleza, ya de los humanos, caerá por su propio peso.



De ninguna manera sobrevivirá, pues no se ajusta a la ley universal de la solidaridad. No es preciso tumbar la vieja civilización, no tienen recorrido” (Idem, 203). “Emerge un nuevo tiempo en que la humanidad más crecida, más fraterna, comienza a superar la herejía de la separatividad” (Idem, p. 200). “Si dejamos atrás la codicia y la competencia, si hacemos progresar los principios de colaborar y compartir, más pronto que tarde alboreará una nueva era sobre la tierra” (Idem, 204).



“Espiritualidad y política se irán acercando más y más, pues la humanidad está dando importantes pasos en su evolución hacia la plena instauración del ideal supremos de la fraternidad humana, sentimiento que lleva implícito el otro gran ideal de la filiación divina. Somos hijos e hijas, no ya de éste o aquel Dios, del tuyo o del mío, somos hijos del Origen, de la Fuente de todo amor y de toda vida, y no importa el hombre que apliquemos a ese Alfa innombrable” (Idem, p. 199).



LEONARDO BOFF, teólogo profeta, lleva más de 30 años señalando los peligros de nuestra errática travesía actual y ofrece principios que debieran marcar un nuevo rumbo.



Está surgiendo una nueva era humana, una nueva conciencia, marcada por el inagotable capital espiritual, que logrará que la economía sirva a la vida. Lo que hace quebrar el viejo orden es la ruptura de la cosmología clásica, propia de los grandes imperios, del iluminismo y del proyecto contemporáneo de la tecnocracia.



“He aquí que después de más trescientos años de exaltación de la razón asistimos a la locura de la razón, pues sólo una razón enloquecida organiza una sociedad en la cual el 20 % de la población posee el 80 % de toda la riqueza de la Tierra. Un sentir profundo nos hace escuchar el grito de la Tierra y el clamor desgarrador de millones de hambrientos. No es la razón fría, sino la razón sensible la que mueve a las personas para bajarlos de la cruz y hacerlos vivir” “(Idem, p.21-23).



“En vez de un cosmos fragmentado, compuesto de una suma de seres inertes y desconectados, la nueva cosmología ve el universo como el conjunto de sujetos relacionales, todos inter-conectados. Espacio, tiempo, energía, información y materia son dimensiones de un único gran Todo. Antes que una máquina , el cosmos, incluyendo la tierra, se muestra como un organismo vivo que se autorregula, se adapta, evoluciona y eventualmente, en situación de crisis, da saltos buscando un nuevo equilibrio” (Idem p. 20).



“Nosotros mismos somos la parte consciente y libre e inteligente del universo y de la Tierra. Por el hecho de ser portadores de estas capacidades, podemos enfrentarnos a las crisis, detectar el agotamiento de ciertos hábitos culturales, (paradigmas) e inventar nuevas formas de ser humanos, de producir, consumir y convivir. Es la cosmología de la transformación, expresión de la nueva era, la era ecozoica” (Idem, p. 20).



“La crisis actual hace necesaria una salida salvadora y ésta es la noosfera. Entonces prevalecerá la comunión de mentes y corazones de los seres humanos entre sí, con la Tierra, con todo el universo y con al Atractor de la todas las cosas” (Idem, pg. 30). Porque no nos sentimos parte de la Tierra, la estamos destruyendo.



El futuro del siglo XXI dependerá de que asumamos o no esta nueva cosmología: “Formamos, junto con la Tierra viva, la gran comunidad cósmica y vital. (Idem, pg. 32).



“La sensibilidad, la cordialidad, el cuidado llevados a todos los niveles, con la naturaleza, con las relaciones sociales y en la vida cotidiana pueden cimentar, junto con la razón, una utopía que podemos tocar con las manos que es inmediatamente practicable. Estos son los fundamentos del paradigma civilizatorio naciente que nos da vida y esperanza” (Idem, pg. 23).



Presentaron:



Federico Mayor Zaragoza

Director de la Fundación Cultura de Paz y coautor del libro

Benjamín Forcano

Sacerdote, teólogo y coautor del libro

Miguel Aguado

Diputado en el Parlamento de Madrid y coautor del libro

Cristóbal Cervantes

Escritor y conferenciante, coordinador del libro.



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